Cita

Un libro abierto es un cerebro que habla; Cerrado un amigo que espera; Olvidado, un alma que perdona; Destruido, un corazón que llora
PROVERBIO HINDU

viernes, 20 de noviembre de 2015

Martes con Morrie: Una enseñanza que prosigue...

Hemos tenido una nueva reunión de soñadores, esta vez para hablar de “Martes con mi viejo profesor”. 

“¿Has tenido realmente alguna vez un maestro? ¿Un maestro que te viera como algo en bruto pero precioso, como una joya que, con sabiduría, podía pulirse para darle un brillo imponente? Si tienes la suerte suficiente para encontrar el camino que conduce a maestros así, siempre encontrarás el camino para volver a ellos. A veces, sólo está en tu cabeza. A veces está junto a sus lechos.
Mi viejo profesor impartió la última asignatura de su vida dando una clase semanal en su casa, junto a una ventana de su despacho, desde un lugar donde podía contemplar cómo se despojaba de sus hojas rosadas un pequeño hibisco. La clase se impartía los martes. La asignatura era el Sentido de la Vida. Se impartía a partir de la experiencia.
La enseñanza prosigue.”

En este libro el autor, Mitch Albom, nos cuenta como después de 16 años se reencuentra con su profesor que está a punto de morir aquejado por la terrible enfermedad degenerativa ELA. 
En estos encuentros que suceden los martes Morrie, su profesor, le hace reflexionar y plantearse las cosas a su alrededor e incluso su propia vida. Resulta curioso como Morrie es increíblemente vital y aunque limitado por su enfermedad esta viviendo realmente, amando, escuchando, aprendiendo...
Creo que este libro no es solo un homenaje de Mitch a su viejo profesor, sino una profunda reflexión sobre la Vida y que es lo realmente importante. Morrie dice cosas sencillas y tan lógicas que resulta demoledor como las dejamos de lado corriendo tras más cosas materiales y olvidándonos de lo esencial. 

“—Una parte del problema, Mitch, es la prisa que tiene todo el mundo —dijo Morrie—. Las personas no han encontrado sentido en sus vidas, por eso corren constantemente buscándolo. Piensan en el próximo coche, en la próxima casa, en el próximo trabajo. Y después descubren que esas cosas también están vacías, y siguen corriendo.”

Morrie nos da una gran lección de humanidad usando su enfermedad no para compadecerse de si mismo sino para reflexionar y ser un poco mejor. Me imagino la cantidad de malos días que tuvo y las pocas ganas de hablar aquejado de dolores y sin embargo siempre encontró una sonrisa para regalar, un momento para escuchar, para hacerte sentir querido. 
“Mientras podamos amarnos los unos a los otros y recordar el sentimiento de amor que hemos tenido, podemos morirnos sin marcharnos del todo nunca. Todo el amor que has creado sigue allí. Todos los recuerdos siguen allí. Sigues viviendo en los corazones que has conmovido y que has nutrido mientras estabas aquí.”

Entiendo perfectamente lo importante que fue en el autor y como con su experiencia y su libro escrito de manera sencilla y directa intenta que seamos un poco más conscientes de las cosas que nos estamos perdiendo, que despertemos y empezemos a buscar las preguntas que son realmente importantes.

“El cuento es de una olita que va saltando por el mar y lo pasa muy bien. Disfruta del viento y del aire libre, hasta que ve que las demás olas que tiene delante rompen contra la costa.
“Dios mío, esto es terrible —dice la ola—. ¡Mira lo que me va a pasar!”.
Entonces llega otra ola. Ve a la primera ola, que parece afligida, y le dice: “¿Por qué estás tan triste?”.
La primera ola dice: “¿Es que no lo entiendes? ¡Todas vamos a rompernos! ¡Todas las olas vamos a deshacernos! ¿No es terrible?”.
La segunda ola dice: “No, eres tú la que no lo entiende. Tú no eres una ola; formas parte del mar”.
Sonrío. Morrie vuelve a cerrar los ojos.”

Deseando que seamos un poco más humanos y que seamos capaz de amar y compartir más se despide.


Gota de Lluvia